IMAGO por Fabio Martinez
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viernes, agosto 29, 2003
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Luz y sombra del Festival de Arte


Por: Fabio Martínez

A menos de un mes de que se inicie la XI versión del Festival Internacional de Arte de Cali, diversas voces provenientes del arte y la cultura han invadido el Internet y las columnas de opinión, para expresar con razón su inconformidad frente a un festival oneroso que se gasta cerca de 1000 millones de pesos por traer durante 9 días a decenas de artistas y escritores internacionales y nacionales.
Al final, como ha sucedido en los últimos años, los artistas se van con sus palmares y con el dinero, y a Cali, la ciudad anfitriona, no le queda nada (le quedan las deudas).
Esta curiosa concepción de hacer cultura no es nueva y reedita el complejo colombiano de valorar siempre todo lo que viene de afuera y subvalorar lo que viene de nosotros.
Somos luz en la calle y sombra en la casa. Magnánimos y dadivosos con todo lo que suene a exótico e implacables y mezquinos con lo nuestro.
¿Por qué no invertir todo ese dinero que sale de los impuestos de la gente en la cultura que producen los artistas de la ciudad? ¿Por qué no diseñar un festival que vaya de adentro hacia fuera, que ofrezca Cali para el mundo?
Los artistas y escritores firmantes no nos oponemos a la realización del Festival. Tampoco desconocemos la gestión y el lobby que siempre ha emprendido doña Amparo Sinisterra de Carvajal.
Nos oponemos a su concepción elitista y excluyente, que en nada contribuye a generar una identidad regional y un sentido de pertenencia que los vallecaucanos tanto necesitamos.
Para ilustrar lo anterior voy a señalar algunas perlas del festival:
En este año el tema del festival es la música. Si es cierto que Cali es la capital de la salsa y de la música del Pacífico, ¿por qué no se hizo una convocatoria masiva a los músicos de la ciudad para que le mostráramos al país y al mundo nuestras virtudes musicales? ¿Por qué no se convocó una buena mesa redonda con musicólogos caleños, del país y del mundo?
Frente al Premio Jorge Isaacs dotado de 30 mil dólares, doña Amparo nos habla de que existe un jurado a perpetuidad conformado por el expresidente Belisario Betancourt, R. H. Moreno Durán, Cobo Borda, William Ospina, Fernando Cruz Kronfly e Ignacio Chávez.
A este respetuoso jurado debo recordarle que hasta en los reinados de belleza los jurados se cambian cada año por razones de transparencia y versatilidad.
Y hablando de premios, si no pudo venir Mutis, ¿por qué no le otorgaron el galardón a Germán Espinosa, Giovanni Quessep o Meira del mar?
¿Por qué tanta miseria y tanta mezquindad entre nosotros?
¿Quién rige las riendas del festival? ¿El expresidente Belisario Betancourt desde Bogotá y su maravillosa Dalita Navarro?

fabiomar@univalle.edu.co





posted by Michel 7:48 a. m.
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viernes, junio 20, 2003
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El acuerdo humanitario

Fabio Martínez

Un día, un niño del colegio General Anzoátegui, me preguntó: “¿Cuándo terminará la guerra ?”.
Esta pregunta, que en la boca de un niño puede sonar ingenua, es de una gran lucidez pues en una guerra las partes en conflicto no solo deben pensar en ella y dar muestras de guerra sino también deben pensar en la posibilidad de acabar con el conflicto y dar muestras de paz. De lo contrario la guerra se convertirá en un infierno sin salida que no tiene fin.
La pregunta del niño del Anzoátegui es sabia porque en el fondo se estaba preguntando por su porvenir, que no es otro que el porvenir de su patria. Y nos obliga a pensar que en el país da la impresión de que ninguna de las partes en conflicto está interesada en detener la guerra y dar muestras de paz. Ninguna de las partes quiere ceder y resolver los profundos problemas del país por la vía de la política.
Esta polarización conducirá necesariamente a que se deteriore aún más la situación, y a que la población civil sea la que lleve la peor parte, en un conflicto que parece no tiene por donde acabarse.
La guerra en Colombia se ha convertido como en la lucha de aquellos animales fabulosos de los que hablara Borges, que siendo enemigos se retroalimentan entre sí para poder sobrevivir.
En medio de esta carnicería humana se encuentran miles de niños, hombres y mujeres secuestrados, que cada día ven cerradas la posibilidad de que se les abra la puerta de la libertad, porque ni el gobierno ni la guerrilla buscan puntos de acercamiento para humanizar la guerra.
Hace unos días el Presidente Uribe habló de la posibilidad de hacer un canje entre los niños y las mujeres secuestrados a cambio de la libertad condicional para un grupo de guerrilleros.
Esta iniciativa es positiva y podría ser el comienzo para humanizar una guerra que se viene haciendo “a la colombiana” y comenzar así a explorar un necesario acercamiento entre las partes en conflicto.
Así mismo la guerrilla debe pensar seriamente en humanizar el conflicto y presentar caminos de solución política, pues hasta la fecha solo se hemos visto de ella muestras de guerra.
Cali ha sido particularmente la ciudad más azotada por el delito atroz del secuestro. Primero fue el secuestro de los feligreses de la María; luego el secuestro del kilómetro 18; más tarde fue el secuestro de los pescadores de Bahía Solano; y hoy es el secuestro de los diputados de la Asamblea Departamental, que ya completan más de un año en cautiverio.
Para bien de la paz y del país, es urgente que el gobierno nacional y la guerrilla firmen ya un Acuerdo Humanitario y liberen a todos los secuestrados.
De lo contrario, la sabia pregunta del niño del colegio Anzoátegui, seguirá sin tener respuesta y penderá sobre todos nosotros como la espada de Damocles.
fabiomar@univalle.edu.co














































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El acuerdo humanitario

Fabio Martínez

Un día, un niño del colegio General Anzoátegui, me preguntó: “¿Cuándo terminará la guerra ?”.
Esta pregunta, que en la boca de un niño puede sonar ingenua, es de una gran lucidez pues en una guerra las partes en conflicto no solo deben pensar en ella y dar muestras de guerra sino también deben pensar en la posibilidad de acabar con el conflicto y dar muestras de paz. De lo contrario la guerra se convertirá en un infierno sin salida que no tiene fin.
La pregunta del niño del Anzoátegui es sabia porque en el fondo se estaba preguntando por su porvenir, que no es otro que el porvenir de su patria. Y nos obliga a pensar que en el país da la impresión de que ninguna de las partes en conflicto está interesada en detener la guerra y dar muestras de paz. Ninguna de las partes quiere ceder y resolver los profundos problemas del país por la vía de la política.
Esta polarización conducirá necesariamente a que se deteriore aún más la situación, y a que la población civil sea la que lleve la peor parte, en un conflicto que parece no tiene por donde acabarse.
La guerra en Colombia se ha convertido como en la lucha de aquellos animales fabulosos de los que hablara Borges, que siendo enemigos se retroalimentan entre sí para poder sobrevivir.
En medio de esta carnicería humana se encuentran miles de niños, hombres y mujeres secuestrados, que cada día ven cerradas la posibilidad de que se les abra la puerta de la libertad, porque ni el gobierno ni la guerrilla buscan puntos de acercamiento para humanizar la guerra.
Hace unos días el Presidente Uribe habló de la posibilidad de hacer un canje entre los niños y las mujeres secuestrados a cambio de la libertad condicional para un grupo de guerrilleros.
Esta iniciativa es positiva y podría ser el comienzo para humanizar una guerra que se viene haciendo “a la colombiana” y comenzar así a explorar un necesario acercamiento entre las partes en conflicto.
Así mismo la guerrilla debe pensar seriamente en humanizar el conflicto y presentar caminos de solución política, pues hasta la fecha solo se hemos visto de ella muestras de guerra.
Cali ha sido particularmente la ciudad más azotada por el delito atroz del secuestro. Primero fue el secuestro de los feligreses de la María; luego el secuestro del kilómetro 18; más tarde fue el secuestro de los pescadores de Bahía Solano; y hoy es el secuestro de los diputados de la Asamblea Departamental, que ya completan más de un año en cautiverio.
Para bien de la paz y del país, es urgente que el gobierno nacional y la guerrilla firmen ya un Acuerdo Humanitario y liberen a todos los secuestrados.
De lo contrario, la sabia pregunta del niño del colegio Anzoátegui, seguirá sin tener respuesta y penderá sobre todos nosotros como la espada de Damocles.
fabiomar@univalle.edu.co




























































posted by Michel 6:14 a. m.
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jueves, junio 19, 2003
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Corazón de güalanday

Fabio Martínez


Cuando el visitante llega por primera vez a la ciudad, hay dos cosas que no puede pasar por alto: los árboles y la simpatía de la gente. Esta visión la percibí en el pasado festival de arte, con los escritores nacionales e internacionales que nos visitaron para esa fecha. Después de recorrer con ellos las calles de la ciudad, les hice la misma pregunta: ¿Qué es lo que más te gusta de Cali? Y todos, incluyendo Fernando Vallejo, respondieron: los árboles y su gente. Y es cierto. Quizás, ninguna otra ciudad colombiana que pase de un millón de habitantes cuenta hoy en día con una rica arboleda que se entreteje a lo largo de sus calles y sus avenidas.
La variedad es múltiple y vario-pinta: hay samanes, ceibas, palmeras, mangos, tulipanes, cauchos, chiminangos, cadmios y últimamente, güalandayes. La ciudad no es sólo asfalto, ruido y autos sino que es también paisaje y éste, según el autor inglés Schama, es construcción de la imaginación proyectada en la madera, en el agua, en el valle y en la montaña. Felizmente, aún nuestra ciudad se resiste a perder aquel vínculo estrecho y profundo que debe existir con la naturaleza. Con seguridad, los autonautas de las autopistas no están de acuerdo con mi visión porque ellos diaramente se alimentan con el monóxido de carbono que sale de sus exhostos y nunca miran al cielo. Andy Warhol, quien murió mirando al cielo, decía que le gustaban más las ciudades que el campo porque las primeras habían previsto árboles, parques y zonas verdes que nos recordaban el paisaje rural, en cambio el campo nunca se acordaba de las ciudades. Pienso que en Cali tenemos que mirar hacia el cielo para descubrir aquellas esculturas aéreas que se entretejen de calle a calle y de acera a acera y que hacen reconciliarnos con la naturaleza. Arboles de símbolos, los llamó Noam Chomsky.
Desde el nacimiento hasta la muerte, el hombre siempre ha estado ligado al árbol, a la madera. Nuestro símbolo de la región ha sido el majestuoso samán que por su nombre nos indica que es originario de Asia; también lo ha sido la ceiba que nos ofrece la sombra y el cadmio, con su perfume singular. Hoy, la ciudad está sembrada de güalandayes con sus flores color lila que contrastan con el verde de la ciudad, creándonos la ilusión de la primavera. El güalanday, cuyo nombre científico es “jacaranda SP” pertenece a la noble familia de las bignoniáceas. Loable e inteligente decisión del dirigente que decidió sembrar el güalanday en la ciudad porque de ahora en adelante sabemos que cada caleño y cada visitante va a estar profundamente ligado al corazón de este hermoso árbol.




posted by Michel 5:34 a. m.
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domingo, abril 06, 2003

Poesía en tiempos de guerra

Fabio Martínez

Conocí a Fernando Cruz Kronfly en la Universidad Santiago de Cali cuando quedaba en la antigua casona que hoy ocupa Proartes y desde aquella época sentí como estudiante una gran admiración por el pensamiento y la reflexión que destilaba nuestro joven profesor de Humanidades.
En aquella época pasaron por los claustros del alma máter intelectuales como Enrique Buenaventura, Tomás Quintero, Clarita Gómez de Melo, Alcibíades Paredes, Mario Díaz y Aníbal Arias, entre otros, que le daban brillo a esta joven y pujante universidad.
Cruz Kronfly era reconocido por sus reflexiones sobre el porvenir del hombre y su deterioro inminente que no se detiene.
Reflexiones que con el correr del tiempo anunciaron la crisis de la cultura de Occidente y que fueron consignadas en sus libros La sombrilla planetaria y La Tierra que atardece.
Fue en aquellos años cuando Cruz Kronfly empezó a interesarse por la creación literaria y fue así como en 1980 apareció su primer libro de cuentos titulado La alabanzas y los acechos.
Luego vinieron sus novelas Falleba, La ceremonia de la soledad, La ceniza del libertador, El embarcadero de los incurables y La caravana de Gardel.
Todas ellas escritas bajo el influjo de un estilo modernista que de todas maneras muestran el hastío y la desazón por la vida en su dimensión más profunda.
Pero los lectores de Cruz Kronfly nunca nos imaginamos que desde aquellos gloriosos años el escritor bugueño de origen árabe estaba pensando un extenso poema que hoy finalmente sale a la luz pública con el críptico nombre de Abendland, publicado por el Fondo Editorial de la Universidad Eafit de Medellín.
Abendland, que según Massimo Cacciari quiere decir la “tierra del ocaso”, es un extenso poema escrito a la manera de los Poemas humanos de César Vallejo donde el poeta es un visionario de la desgracia del tiempo que vivimos.
“¿Qué cosa pudo haber sido el fragor del tiempo al encarnizarse en aquello que con tan elevada mansedumbre se inclinó ante estos ojos?”, dice el poeta anunciando su propio dolor que es al mismo tiempo el dolor de la raza humana.
La voz del bardo no solo se detiene en este tiempo de muertos donde la ‘fiera azul’ se ensaña contra los infelices.
La fuerza del poeta reside en la lucidez de la memoria que le permite hacer un inventario de las imágenes bellas de la vida como son la imagen del padre, la madre y la hermana.
Son imágenes profundas que nos devuelven a la infancia y que a pesar de este “hondo abismo que es el oficio de vivir” no se las podrán secuestrar porque pertenecen al registro íntimo e inviolable del poeta.
Abendland es un bello poema, profundo y desolado.
(Tomado de EL TIEMPO-Cali).
fabiomar@univalle.edu.co

























posted by Michel 2:31 p. m.
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